Tres de cada cuatro inmigrantes irregulares llega a Canarias

| 21 abril, 2020

Cambios en la inmigración. La pandemia frena las llegadas irregulares a España, aunque las pateras al archipiélago canario se multiplican por ocho

SUSANA CAMPO. LA RAZÓN.- Mientras nuestras calles e industrias se paralizan por el decreto de estado de alarma aprobado por el Ejecutivo para frenar la expansión del coronavirus, en nuestras aguas decenas de personas siguen navegando en cayucos precarios con el objetivo de llegar a España. Aunque en líneas generales está cayendo notablemente la llegada de irregulares a España, la comunidad canaria sigue soportando una mayor presión, en línea con lo que ya se estaba observando en los meses previos. Según los datos del Ministerio de Interior, las costas españolas recibieron desde que se decretó el estado de alarma a 745 inmigrantes en patera, 551 de ellos solo en Canarias, lo que significa que tres de cada cuatro entradas sobre el total (74 %) son a través del archipiélago. De acuerdo con la estadística oficial, durante el mismo periodo de 2019, la cifra de entradas irregulares ascendía a 1.258, por lo que en 2020 disminuyó un 34,1%.

Los datos que se conocieron este viernes confirman que las mafias siguen apostando por reabrir la conocida como «ruta Atlántica», considerada una de las más largas por la duración del trayecto y de mayor peligrosidad. Según los expertos consultados por LA RAZON, entre los motivos que explican este aumento de flujo migratorio en las Islas hay varios factores. Al cierre de otras rutas e incremento de vigilancia en Ceuta y Melilla hay que sumar el acuerdo entre España y Marruecos para externalizar las fronteras.

Pese a que en términos globales, existe una aparente estabilidad en el número de llegadas, la situación cambia si se examinan los datos de Canarias. Durante el 15 de marzo al 15 de abril de 2019 llegaron 73 inmigrantes a las islas atlánticas frente a los 670 que sumaban entonces el Estrecho, el mar de Alborán, Baleares y las costas de Ceuta y Melilla. En el caso de Canarias, esas 551 entradas de inmigrantes por mar se concetraron en solo 17 días, del 20 de marzo al 5 de abril, porque tanto antes como después de esas fechas hubo un parón en la afluencia de pateras –del 6 al 19 de marzo y del 6 al 14 de abril–. Ello implica que, durante dos semanas, una comunidad confinada por la emergencia sanitaria (como el resto del país) y con sus dos centros de internamiento de extranjeros cerrados a nuevas admisiones, precisamente para evitar que se propagase en ellos el COVID-19, recibió un promedio de 32 inmigrantes irregulares diarios.

Existen varios motivos que explican este impresionante aumento. En la última semana de febrero y la primera de marzo se produjeron dos fenómenos que pueden explicar el freno de llegadas de pateras, que tardan entre cuatro y cinco días en llegar a Canarias desde su punto de partida más frecuente, Dajla, en el Sahara o una semana como mínimo desde Mauritania. En primer lugar, hubo un temporal de calima y siroco sin precedentes en Canarias en casi 40 años que hizo inviable la navegación de este tipo de embarcaciones. No hay que olvidar, que incluso el tráfico aéreo se suspendió en el archipiélago durante dos días. En segundo lugar, Marruecos adoptó medidas de confinamiento. No fue el único de los países africanos de origen de los cayucos que adoptaron medidas para detener la expansión del virus. Senegal cerró sus fronteras terrestres, marítimas y aéreas, y Mauritania impuso el toque de queda nocturno y prohibió las grandes aglomeraciones.

De hecho, desde que comenzó el confinamiento, los vuelos de repatriación desde Canarias a Mauritania se suspendieron y ninguno de los inmigrantes llegados ha sido recluido en los Centros de Internamiento para Extranjeros (CIE) de Gran Canaria y Tenerife, según confirmó a LA RAZÓN la coordinadora estatal del Servicio Jurídico de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR), Paloma Favieres. Es más un juez ordenó que se desalojase el CIE de Gran Canaria al detectar que sus condiciones de «hacinamiento» estaban favoreciendo la propagación del coronavirus entre sus internos.

Donde si se experimentó un notable descenso de las llegadas fue en la vía terrestre. La ruta que contabiliza las llegadas a través del salto del vallado de Ceuta y Melilla disminuyó un 83,7% respecto a los mismos días de 2019. Se pasó de la 515 entradas a las 84 del último mes. Ni el virus ni el mar frenan a quienes huyen de la guerra y la miseria.

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