Refugiados: el equipo de la solidaridad olímpica

, | 26 julio, 2021

Mundo Deportivo.- 29 deportistas obligados a dejar sus países por conflictos bélicos compiten como selección en Tokio gracias a la iniciativa del COI.

Los Juegos no son solo para países o territorios. Los valores del deporte van más allá, y la filosofía de los Juegos Olímpico, también. El mensaje solidario lleva décadas flotando alrededor de la gran fiesta olímpica, pero no fue hasta Río 2016 que el COI llevó la iniciativa al plano práctico, creando un verdadero equipo de deportistas obligados a abandonar sus países por conflictos bélicos o por persecución política. Así nació el equipo de refugiados apadrinado por el Comité Olímpico Internacional, un grupo de héroes muchas veces anónimos que esconden historias de dramatismo que deberían golpear la conciencia colectiva.

Eran diez en Río 2016 y son 29 aquí en Tokio compitiendo en 12 deportes, incluido un medallista en los Juegos de Río que salió de Irán alegando el sexismo institucional. El equipo que compite en Japón se eligió entre 55 atletas que huyeron de sus países de origen y obtuvieron becas de solidaridad olímpica para entrenar de cara a los Juegos en un nuevo país de acogida.

Vienen de Afganistán, Camerún, Congo, República del Congo, Eritrea, Irak, Sudán del Sur, Sudán, Siria y Venezuela. Y deportivamente su peso no es siempre residual. Hay atletas de elite como Kimia Alizadeh, bronce olímpico en 2016 en taekwondo como iraní antes de huir a Alemania, hasta del sexismo y de la obligación de cubrir su rostro.

El equipo lo tutelan delegados del COI y la agencia de refugiados de las Naciones Unida, el ACNUR. En Tokio compiten bajo el acrónimo EOR, que responden a las siglas de Equipo Olímpico de Refugiados. Si suben al podio se izará la bandera olímpica y sonará el himno olímpico. Todos sus componentes tienen el estatus de refugiado, verificado por la ONU.

Fue la guerra en Siria la espoleta de la decisión del COI. Hace cinco años, el movimiento de personas que abandonaban el país huyendo de la guerra se convirtió en la segunfda mayor crisis de desplazados desde la Segunda Guerra Mundial. Funcionarios olímpicos contactaron con deportistas de elite refugiados en todo el mundo y eleccionó a diez de ellos para competir en Río.

Allí, entre esos diez pioneros, estaba una auténtica heroína. La nadadora siria Yusra Mardini había huído en un bote por el mar Egeo junto a otras 17 personas. Cuando el abarrotado bote comenzó a hacer aguas, ella y su hermana se lanzaron al agua para sostener la embarcación y tirar de ella hasta poner a salvo a todo el grupo, a costa de una hipotermia.

Los 29 refugiados de Tokio 2020 han vivido tanta guerra, persecución y ansiedad por el exilio que la presión por el alcance de un objetivo deportivo se convierte en su caso en una nimiedad. La oportunidad que brinda el COI cubre la eventualidad, muy habitual, de que sus países de origen se olviden de ellos y de apoyar sus carreras, bien por falta de medios o por estar enfrentados políticamente. Dicho de otro modo: sin el equipo de refugiados, jamás estarían en los Juegos aunque e ganasen su clasificación por sus resultados.

El presidente del COI, Thomas Bach, se dirigió a ellos durante su discurso en la ceremonia inaugural de estos Juegos. “Huísteis de vuestros hogares por violencia, hambre o simplemente porque érais diferentes. Os ofrecemos un hogar tranquilo. Bienvenidos a nuestra comunidad olímpica”.

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