Florida Libros «no autorizados» en escuelas: la cruzada de DeSantis contra el discurso racial y LGTBI en su camino a Washington.

, | 19 febrero, 2023

RTVE/Sofía Soler.- El gobernador de Florida y candidato en las primarias republicanas busca limitar lo que considera «adoctrinamiento». Los maestros temen ser acusados de delito por una ley paralizada para las universidades por atacar la libertad de expresión.

Estantes vacíos o librerías cubiertas para no mostrar su contenido. Maestros y equipos directivos ​en Florida, Estados Unidos, actuaron rápidamente por el miedo a ser procesados con la entrada en vigor de una ley que obliga a revisar los libros en los colegios. El posible delito: contar en sus bibliotecas con obras de temática racial o LGTBI.

Y así, con las pruebas escondidas, trataban de adecuarse a la última reforma educativa promulgada por el gobernador Ron DeSantis, que requiere que todos los materiales escolares sean «adecuados a las necesidades de los estudiantes» y autorizados previamente por un «especialista». El delito grave se recoge en un decreto anterior dirigido a proteger de la pornografía, pero se teme que se interprete ahora bajo la luz de las leyes conocidas como Don’t say gay («No digas gay») o Stop Woke Act («Contra el despertar»). Estas, aprobadas en 2022, prohíben hablar de orientación sexual e identidad de género a los niños de tres años y destierran de toda la educación pública a las teorías críticas, las que interpretan que hay unos colectivos «privilegiados» y otros «oprimidos».

«Como el proyecto es muy vago, la ley permite que los padres y los miembros de la comunidad presenten quejas si tienen problemas con los libros que tienen personajes o temas LGBTQ, o discuten la historia del racismo en los Estados Unidos. Los maestros que no cumplan con la ley podrían recibir una multa de hasta 5.000 dólares o prisión de hasta cinco años», explica a RTVE.es la maestra de un colegio en Florida, R.C., que prefiere mantener el anonimato.

Con ello, Florida quiere preservar el derecho de los padres a tomar las decisiones que respectan a sus hijos, según el comunicado del Gobierno que recuerda al «pin parental» que defendió Vox en España. «El superintendente de mi distrito presentó una política voluntaria opt in. Los padres van a usar un formulario en línea para autorizar a la biblioteca a prestar los libros a los estudiantes que los soliciten. Si un padre no le da permiso a su hijo o hija para sacar los libros que estén prohibidos, ese estudiante no podrá tener acceso a ellos», describe R.C.

La maestra, desde el condado de Polk, nos precisa los títulos que necesitarán esa autorización en su distrito: desde novelas sobre jóvenes homosexuales o trans (Dos chicos besándose, George: Simplemente sé tú mismo) a obras de la ganadora del premio Nobel Toni Morrison que tratan sobre esclavitud o racismo en EE.UU. (Beloved, Ojos azules).

Por ello, algunos grupos activistas como el Florida Freedom to Read Project consideran que la medida es puramente política. «Los padres siempre han tenido derecho a decir ‘no quiero que mi hijo saque este libro de la biblioteca'», defiende Jen Cousins, madre y cofundadora del proyecto en un podcast del sindicato educativo. «Esto era completamente innecesario, y es 100% un ataque dirigido a las comunidades marginadas».

Legislación restrictiva, pero poco precisa

El gobernador Ron DeSantis está decidido a limitar lo que considera discursos «adoctrinadores» de la educación. Así lo ha defendido él mismo al presentar las leyes No digas gay y contra el pensamiento woke, como se llama peyorativamente a la toma de conciencia social. «En Florida, no dejaremos que la agenda woke de extrema izquierda se apodere de nuestras escuelas y lugares de trabajo. No hay lugar para el adoctrinamiento o la discriminación en Florida», afirma el gobernador en una nota de prensa, mientras su vicegobernadora, Jeannet Nuñez, carga contra los «planes de estudios de inspiración marxista» y menciona, en concreto, «la teoría crítica de la raza». En lo que respecta a los contenidos LGTBI, el gobierno afirma que «sexualizan» a los más pequeños.

Para muchos, el centro del problema reside tanto en la forma como en el fondo de esos textos, que dejan desprotegidos a los profesores. «Esta legislación, de la forma en la que está escrita, no permite que se haga nada», advierte Berta Hernández-Truyol, profesora de Derecho en la Universidad de Florida, quien critica la redacción del texto al hablar en genérico de «orientación sexual» o «raza».

«Está sacando los libros sobre temáticas LGTBIQ, pero no aquellos que hablan de ‘mami y papi’. Y, técnicamente, ‘mami y papi’ también están proponiendo una orientación sexual, solo que es la heterosexual», ejemplifica. Y lo extiende a la cuestión racial, puesto que cuando se limitan los discursos de «raza» en realidad únicamente se ve afectada la perspectiva afroamericana: «Ser blanco también es una raza», repite ella durante la conversación.

«En mis clases siempre hablo de que todos tenemos ‘libretos perceptuales’ que nos permiten interpretar el mundo basándonos en nuestra propia experiencia. Esos libretos son los que hacen que alguien lea ‘orientación sexual’ y piense ‘homosexuales'», analiza Hernández-Truyol, que opina que el gobernador republicano «trata de perpetuar el status quo» y, con ello, está imponiendo una visión subjetiva de la realidad. «Estas leyes no son buenas para nadie, porque lo que están tratando de decir y lo que dicen son cosas distintas».

Un ataque a la Primera Enmienda, según el juez federal del distrito

De hecho, la ley Stop Woke, que prohíbe la teoría crítica racial, está actualmente paralizada en lo que respecta a las universidades públicas, después de que la justicia considerara que es un ataque «distópico» a la libertad de expresión. «La Primera Enmienda no permite que el estado de Florida amordace a sus profesores universitarios, imponga su propia ortodoxia de puntos de vista y nos arroje a todos a la oscuridad», escribió el juez federal del distrito Mark E. Walker en una orden judicial que compara la situación con la novela 1984 de George Orwell, según recoge The Washington Post.

Mientras tanto, a la espera de si dicha ley queda vigente o no para la educación superior, DeSantis anunció a finales de enero una nueva propuesta para retirar toda la financiación a los estudios sobre diversidad, equidad e inclusión o teoría crítica de raza en las universidades públicas para, según sus palabras, defender los valores occidentales y la libertad.

Porque donde no pueden actuar las leyes, sí puede hacerlo en dinero. El conflicto más reciente se ha dado por un curso de estudios afroamericanos que, aunque sea de nivel universitario, se oferta también en institutos. Conocido como AP (Advanced Placement), su currículum se ha visto alterado por la nueva legislación de Florida, se han eliminado referencias a la teoría queer o voces académicas como la de Kimberlé W. Crenshaw, profesora de derecho en Columbia que acuñó el concepto de «interseccionalidad» sobre la interrelación de los problemas de género, clase, raza, etc.

«Cuando Florida, que es un mercado bastante grande, dijo que no podían tener esos contenidos aquí, la corporación College Board [que oferta el curso] lo cambió para poder seguir vendiéndolo», explica la experta en derechos civiles Hernández-Truyol.

Tras los pasos de Trump, DeSantis se posiciona en el ala más tradicional

La actual cruzada de DeSantis es también toda una declaración de intenciones, mientras se postula como candidato en las primarias republicanas contra el expresidente Donald Trump. «Creo que es la lectura que se debe hacer. Él ha entendido perfectamente por qué Trump llegó al poder en su momento, por esa masa de norteamericanos que no está contenta con la deriva que está tomando su sociedad», sostiene José Antonio Gurpegui, director del Instituto Franklin y catedrático de Estudios Norteamericanos de la Universidad de Alcalá.

El gobernador trata de posicionarse como líder republicano en el «ala más tradicional» del partido, bebiendo de un sentir ideológico que comenzó a tomar fuerza en la década de los 90 con artículos como ¿Choque de civilizaciones?, del politólogo de la Universidad de Harvard Samuel P. Huntington. «Es una reacción ante lo que en ciertos sectores de la sociedad americana están entendiendo como un ataque a la tradicional cultura y modo de vida blanco», prosigue Gurpegui.

Según el catedrático, esto está ocurriendo en especialmente en Florida por múltiples factores. Por un lado, porque la sociedad estadounidense es hoy una «ensalada» de culturas, frente al crisol homogeneizador que se consideraba antes. Por otro, porque la población latina en ese estado es especialmente conservadora. «Los cubanos allí siguen con la impronta del anticastrismo y el anticomunismo», señala. En las elecciones del pasado noviembre, DeSantis consiguió el 58% del voto latino, gracias especialmente al 68% de cubanoamericanos que votaron por él, según una encuesta a pie de urna de NBC News. Y ya fueron determinantes para la victoria de Trump en 2020.

De este modo, DeSantis va haciéndose un hueco en la política nacional con su propio sello. «Es más hombre de partido que Donald Trump», opina el director del Instituto Franklin. Mientras el expresidente hizo a los republicanos amoldarse a sus premisas, lo que le valió el enfrentamiento con figuras tradicionales como John MacCain, el político de Florida busca un perfil más institucional. «Se ajustaría más a lo que ha sido tradicionalmente el Partido Republicano, creo, dentro de la línea más reaganista», esboza Gurpegui, aunque solo el tiempo irá destapando las cartas del floridano más allá de la educación. 

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