Rumanía: Bruselas advierte del peligro de usar la familia como «arma» contra los gais

| 1 octubre, 2018

Este fin de semana, los rumanos están convocados a las urnas para pronunciarse sobre si se debe blindar en la Constitución la prohibición que rige en el país contra el matrimonio gay

MARÍA TEJERO MARTÍN. EL CONFIDENCIAL.- La batalla por mantener la democracia en la Unión Europea tiene un nuevo frente: Rumanía. Las dudas sobre la independencia judicial, los casos de corrupción que se extienden a todos los niveles y la falta de acción contra el blanqueo de dinero son algunas de las cuestiones con las que la Comisión Europea lleva meses lidiando. Pero ha sido otra cuestión la que puede convertirse en la gota que colme el vaso: un referendo.

No se trata de una consulta cualquiera, sino de una en la que la pregunta se dirige contra una minoría concreta: los homosexuales. Este sábado y este domingo, los rumanos serán convocados a las urnas para que se pronuncien sobre si se debe blindar la prohibición que rige en el país contra el matrimonio gay. Para ello, el Gobierno plantea reformar la Constitución, de manera que se dificultaría en extremo legislar en un futuro para dar luz verde a este tipo de enlaces. Todo ello con la defensa de los valores familiares como explicación.

En Bruselas no dan crédito. «Creo con firmeza en los valores de la familia. Soy marido, padre y tengo cuatro hijos, pero no quiero que sean usados como arma para justificar la homofobia«, ha recalcado este lunes Frans Timmermans, vicepresidente primero de la Comisión Europea. La sorpresa va más allá del gesto, ya que el referendo ha sido planteado por un Gobierno socialdemócrata. La semana pasada, la primera ministra, Viorica Dăncilă, acudió a Bruselas para reunirse con miembros de este grupo parlamentario y le llovieron las críticas. La principal y más evidente es que una medida como esa es contraria a los valores de la socialdemocracia. Pero también se le afeó que recurra a una cuestión tan polémica como un modo de disimular los numerosos casos de corrupción que sufre el país.

 
No obstante, los europeos están atados de manos en este asunto. Tal y como ha recordado Timmermans, la legislación referente a las familias es competencia exclusiva de cada país. Bruselas no puede abrir ningún expediente a Bucarest por incumplir con los valores de «igualdad» contemplados en los tratados europeos —como sí lo ha hecho respecto a la degradación de la independencia judicial, por ejemplo—. Pero el movimiento ha creado malestar.

La consulta ha sido planteada por el Gobierno después de que varias asociaciones católicas hayan recogido tres millones de firmas, bajo el lema de proteger a la familia tradicional. Lo llamativo es que el Ejecutivo liderado por Dăncilă haya dado ahora este paso, dado que las firmas se entregaron hace dos años. Desde Bruselas, Timmermans ha advertido de que este tipo de medidas pueden ser un instrumento que «alimente nuestros ángeles más oscuros, como la persecución de las minorías sexuales o el regreso de las mujeres a una situación como la del siglo XIX». Y más en un contexto en el que la extrema derecha avanza en la Unión Europea.

 

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