Violencia vicaria, la forma más monstruosa de violencia contra las mujeres

| 11 enero, 2018

Matar a los hijos para hacer daño a las madres es el extremo de las múltiples formas de violencia de género

OLGA CARMONA. DE MAMAS Y DE PAPAS / EL PAÍS.- Estamos dejando atrás este tiempo de alegría y felicidad postiza, de esa que necesitamos al menos una vez al año, momento en que todos los demás están alineados en la misma supuesta energía, porque además eso nos espanta cualquier posibilidad de duda, nos llena de certeza.

En estos días de maquillaje físico y emocional, psicológicamente necesarios y humanamente imprescindibles, días donde dejar de lado las rutinas, las carencias, las dietas y la vergüenza, no apetece hablar de según qué temas. Necesitamos respirar, creer por un instante que vivimos en un mundo de regalos y buenos deseos.

Pero nada hay más tenaz que la realidad, colándose por entre las rendijas que no podemos maquillar, poniéndonos de frente y con atroz frecuencia el mundo violento y desajustado en el que vivimos. Una realidad que nos recuerda cada día que las mujeres somos víctimas, potenciales o reales, de la violencia machista, desde sus expresiones más sutiles y cotidianas hasta las más feroces y encarnizadas que culminan con la violencia extrema y la aniquilación de la vida.

Dentro de las diferentes y múltiples expresiones de maltrato de género masculino, hay una especialmente sádica y monstruosa: se llama violencia vicaria y se trata de aquella ejercida contra los hijos para dañar a sus madres.

Las que somos madres sabemos que no se nos puede infringir peor daño, porque no existe, es el más extremo y cruel. Y tampoco existe una forma más eficaz de secuestrarnos la voluntad y el alma. Mujeres que callan, que no se divorcian, que no denuncian porque lo que está en juego es la vida y la integridad de sus hijos, madres que van a someterse al dominio posesivo del violento porque jamás permitirían poner en riesgo a quienes aman más que a sí mismas. En este tipo de violencia no hay salida. La mayoría de mujeres hará cualquier cosa para evitar el sufrimiento de sus hijos y los maltratadores lo saben. Es nuestro talón de Aquiles.

No tengo la menor duda de que a la publicación de este artículo, algunos hombres saldrán de sus cavernas garrote en mano, para reivindicar “lo suyo” y para tratar de tapar la realidad con un dedo enarbolando razones que solo la falta de conciencia y de una mínima sensibilidad podrían sostener, en lugar de hacer un ejercicio de autocrítica de género, imprescindible para salir de esta lacra social que amenaza con convertirse en epidemia. No obstante, nada como los datos para confrontarnos con lo que está pasando y para tapar la boca y el discurso de quienes lo niegan:

  • En España, en la última década, los hombres violentos han asesinado a 47 niños y niñas con edades comprendidas entre los cuatro meses hasta los 16 años de edad. Fuente: Tribuna Feminista
  • 40 mujeres asesinadas durante 2017 un total de 40 mujeres. Estas víctimas mortales dejan además 19 huérfanos. Fuente Diario Público.
  • 840.000 hijos e hijas de mujeres maltratadas sufren cada año las consecuencias de la violencia de género al vivir en el mismo hogar donde se produce.
  • 540.000 padecen la violencia de forma directa (el 6’2% de los niños y niñas de España).
  • En la última década, el número de menores muertos por causa de la violencia contra su madre asciende a 44 (entre 4 meses y 16 años de edad).
  • 26 fueron asesinados durante el régimen de visitas o en el periodo de la custodia compartida correspondiente al hombre.
  • El 2017 es el año con más niños asesinados por violencia de género contra sus madres.

Tipos de violencia

Los Aniquiladores de Familia: Elizabeth Yardley, directora del Centro de Criminología aplicada de la Universidad de Ciencias Sociales de Birmingham (Reino Unido), realizó una investigación acerca de padres que asesinaron a sus hijos e hijas en Reino Unido desde los años 80’. Ella concluyó que desde entonces, se cometieron 71 asesinatos y comprobando que este tipo de crimen ha ido aumentando hasta nuestros días. En los años 80 se cometía un asesinato de este tipo por año mientras que en los últimos diez años, la frecuencia aumentó de forma constante de dos a tres filicidios por año. Yardley los llamó “Aniquiladores de su familia”, porque a su entender, “para estos hombres, el divorcio y la pérdida de su familia, son vividos como un ataque a su masculinidad y matar a sus hijos es una forma impactante y dramática de gritarle al mundo: Miren lo poderoso que soy”.

Cualquier tipo de violencia ejercida contra la madre, también incluye a los hijos ya que se verán afectados de una u otra manera. Y puesto que parece que las leyes y la sociedad en general solo reconocen un único tipo de violencia contra la mujer, creo necesario exponer una lista de las diferentes expresiones de maltrato a fin de que sean detectadas y reconocidas por quienes las sufren:

Violencia física: la obvia, la que reconocen los jueces (a veces), se trata de las agresiones en el cuerpo de mujer y/o hijos.

Violencia psicológica o emocional: Agresión y daño a la dignidad, autoestima y equilibrio emocional. La más común consiste en degradar, minimizar, humillar, controlar acciones, creencias, comportamientos, etcétera. Este tipo de maltrato es el más generalizado, menos visibilizado, menos detectado y casi nunca contemplado por las leyes, ya que “no se ve”, las lesiones y las secuelas son severas y a largo plazo. Suelen tener carácter crónico.

Violencia económica: no pagar la pensión alimenticia, no corresponder con el mantenimiento de los hijos, controlar el dinero que entra en el hogar dosificando según su criterio lo que el cónyuge recibe, someterla por razones de desigualdad económica. Todo ello forma parte de la violencia de género, como así lo recoge el artículo 227 del Código Penal.

Violencia sexual: Ninguna mujer está obligada a nada relativo a su sexualidad por el hecho de vivir en pareja o estar casada (ni obviamente por ninguna otra razón).

Toda acción forzada acerca de su vida sexual o su libertad reproductiva es violencia sexual. Por supuesto que existe el abuso sexual dentro de la pareja así como la coacción y la presión, tanto para tener relaciones sexuales como para negarse a determinadas acciones dentro del ámbito de lo sexual hacia las que puedan sentir rechazo. A ninguna mujer le son ajenas frases tales como “ si me quisieras lo harías” o “eres una estrecha”.

Violencia simbólica y mediática: se trata de todos aquellos mensajes, valores o estereotipos que perpetúan patrones de dominación y discriminación contra las mujeres. En nuestra realidad cotidiana todavía hay un gran número de propaganda, chistes, discursos, comportamientos que desprecian o se burlan de lo que son, hacen o dicen las mujeres, que justifican la relación desigual y con ello perpetúan esta forma de violencia tan sutil como instalada.

Violencia laboral: Es violencia contra las mujeres la menor remuneración salarial a igual trabajo y responsabilidad. Es violencia laboral contra las mujeres la petición de un examen de embarazo o la exigencia de una determinada apariencia física, forma de vestir o estado civil entre otras para acceder a un puesto de trabajo.

Violencia obstétrica: Trato deshumanizado hacia la mujer en cualquier momento de la gestación, parto y posparto. Incluye tanto prácticas invasivas tales como tactos realizados por más de un enfermero, maniobra de Kristeller, episiotomías de rutina, cesáreas injustificadas, burlas, críticas, lenguaje inapropiado hacia la madre, etc.

Es imprescindible señalar que cuando tenemos conocimiento de sucesos brutales tales como el asesinato de los hijos por parte del padre de estos, la tendencia de la sociedad es a pensar que son enfermos, que necesariamente deben tener un trastorno mental que explique el sadismo en su forma más extrema. Sin embargo, en la mayoría de los casos no es así, no son enfermos mentales en tanto son conscientes de sus actos y tienen la capacidad para distinguir el bien del mal.

Lo que suele estar detrás de comportamientos tan violentos como para llegar a dañar o asesinar a tus propios hijos es un perfil psicopático y narcisista, incapaz de empatizar con el dolor ajeno (sí con el propio) y cuya visión de los otros es de instrumentos que se poseen y que deben obedecer a sus deseos y expectativas, corroboradas por una sociedad con creencias superioridad machista aún muy arraigadas.

Resulta imprescindible recalcar que el maltratador tiene un comportamiento crónico, lo será con todas y cada una de sus parejas, ya que forma parte de su perversa visión de las relaciones y no depende en absoluto del comportamiento de la pareja. Por otra parte, la experiencia que tenemos hasta la fecha en cuanto a los resultados de los programas creados para cambiar la conducta violenta, son poco alentadores: la mayoría de los agresores abandona los programas ya que no tienen una genuina intención de cambiar, sino que acuden a ellos generalmente por la presión de un juez.

Creo que la mayoría de mujeres y hombres, aún no hemos tomado conciencia real del problema, de alguna forma queremos seguir viéndolo como sucesos aislados, esporádicos, alejados de nuestras realidades cotidianas, cuando no es así. Lo que vemos en las noticias solo es la punta del iceberg de una realidad instalada en una sociedad donde la mujer sigue siendo un ciudadano de segunda aunque las leyes nos digan lo contrario. El maltrato hacia mujeres y niños en cualquiera de sus variantes es pandemia aquí, y en el resto del mundo.

Olga Carmona es psicóloga, especializada en psicopatología de la infancia y la adolescencia.

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