Viejofobia y “colectivo no productivo”: la cara más desagradable del capitalismo se hace palpable en plena crisis sanitaria

| 29 mayo, 2020

EXTRACONFIDENCIAL.– No ha dimitido nadie en la Confederación Vallisoletana de Empresarios después de provocar toneladas de vergüenza ajena al protestar porque su provincia no pasaba de la fase 0 a la 1 por culpa de las residencias de ancianos, lugares llenos, según ellos, de miembros del “colectivo no productivo desde el punto de vista económico”.

Que se retrasase el proceso de desescalada provocó esta apostilla inhumana por la cual no ha intervenido la fiscalía por un delito de odio. Quizás porque en la Confederación Vallisoletana de Empresarios no hay raperos ni tuiteros.

Cierto es que esta frase inhumana está al nivel de la dinámica global de ‘aparcar’ a nuestros mayores,  ya que ahora no tenemos tiempo ni sitio. En realidad, la dinámica global es cerrar los ojos ante la muerte y hacer como que no existe (véase el silencio sobre el suicidio que se multiplica a nuestro alrededor).

La sociedad ha enviado a una generación que nació en la postguerra a morir en lugares sombríos, privatizados y controlados por compañías que anteponen, en demasiadas ocasiones, las cifras económicas a la ética.

La respuesta, al mentón

Ana MargaritoCEO de ’60 y mucho más’, ha escrito un artículo en el Diario Qué! en el que muestra su lógico enfado por la barrabasa de la patronal que preside Ángela de Miguel: “¿No les da vergüenza? No sólo han tenido que sufrir la discriminación a la hora de ser atendidos, o no, en esta pandemia, sino que también parece que ni siquiera tienen derecho a ser considerados como víctimas del covid 19 porque no producen”.

“¿Qué clase de sociedad estamos creando? ¿Qué no producen? ¿Es que ya nadie se acuerda de que durante casi 40 años han estado trabajando en los peores años de la postguerra, sacrificándose para sacar este país adelante hasta conseguir la sociedad en la que hoy vivimos nosotros?”, añade.

Margarito se pregunta: “¿Acaso no han producido cuando con sus míseras pensiones han mantenido a sus familias y a las de sus hijos cuando estos no han tenido trabajo? ¿Acaso no producen cuando renuncian a su tiempo libre y a su propia vida por cuidar a sus nietos para que sus hijos, los que sí producen, puedan hacerlo?”.

“Me avergüenza vivir en una sociedad en la que sólo parece tener valor la juventud, en la que se desprecia la experiencia, el esfuerzo, y el conocimiento. Donde las canas ya no son un signo de respeto sino todo lo contrario. Donde las personas mayores parecen no tener derecho a nada sólo por el hecho de haber cumplido una edad. Donde si tienes 80 años se te niega hasta el derecho a ser atendido en un hospital porque ya no produces, y, por tanto, ya no sirves”, señala.

Vendedores de humo

Es divertido comprobar que empresarios y emprendedores, que en muchos casos solo producen y venden ‘humo’, se dediquen a denunciar a los colectivos no productivos, según ellos. La clase política también se merece un recuerdo.

Dice Ana Margarito que “durante la pandemia nos hemos cansado de escuchar a nuestros gobernantes que los mayores eran la población más vulnerable frente al virus. Por un lado, nos decían eso y por otro, se les negaban los respiradores, las mascarillas y hasta la atención hospitalaria”.

Bioética

Es evidente que las administraciones públicas deberán tomar cartas en el asunto de las residencias de ancianos. Porque no es de recibo que haya ancianos semiabandonados o trabajadores semiesclavizados.

Otra lección de la crisis sanitaria será ampliar el número de UCIs y camas. La privatización de la Sanidad es un negocio para muchos, pero debiera vigilarse con lupa qué tareas se externalizan y por qué razón.

Lo que es difícil que cambie son las normas de biotética. Es decir, qué decisión tomar cuando los recursos escasean. Cierto es que ni mucho menos la edad es el único parámetro para decidir quién entra a la UCI y quién se queda en un pasillo ‘olvidado’.

El senador navarro Koldo Martínez, experto en bioética, señalaba en una entrevista concedida a Moncloa.com que “las decisiones que implican juicios éticos no son fáciles nunca porque nacen de los conflictos de valores y decidir sobre estas cuestiones obliga a un proceso de deliberación que nunca es fácil. Además la solución nunca es ‘la buena’, sino la considerada mejor entre todas las posibles”.

Lo idóneo sería que los médicos no tengan que decidir entre quién vive y quién muere porque las administraciones, aquí la principal tarea que tienen por delante, deben copiar los buenos modelos. Y en Europa uno de los ejemplos es Alemania, 8,3 camas hospitalarias por cada mil habitantes. En España tenemos 3…

HISTÓRICO

Enlaces internacionales