Una amenaza… ¿controlada?

| 13 junio, 2018

La seguridad en el Mundial de Rusia centrará muchas de las miradas ante la alerta por los ultras locales, que dejaron su sello hace dos años en Marsella y el pasado febrero en Bilbao

12/06/2018 Deia.- Las imágenes de la batalla campal que se produjo en los aledaños de San Mamés el pasado febrero, minutos antes de la disputa del encuentro entre el Athletic y el Spartak de Moscú aún siguen muy presentes entre los habitantes de la capital vizcaina. Aquella fue la última carta de presentación de los ultras rusos, con el grupo Fratria, uno de los más violentos de la exrepública soviética y de marcada ideología nazi, a la cabeza. Sus miembros llegaron a Bilbao por diferentes vías e hicieron todo lo posible para pasar desapercibidos hasta el último momento. La gran mayoría de ellos lo logró. Los que no, se quedaron con ganas de fiesta. Entre ellos, un radical de 31 años que fue detenido en el aeropuerto de Múnich antes de viajar a la capital vizcaina y al que buscaba la policía francesa por haber golpeado con una barra de hierro a otro hombre, de nacionalidad inglesa, en los graves enfrentamientos entre hooligans y ultras en Marsella durante la celebración de la Eurocopa de Francia de hace dos años. Aquella fue la gran carta de presentación de los ultras rusos ante el mundo;la última fue la del pasado febrero en Bilbao.

Ahora, la pregunta es clara. ¿Volverán a repetirse los lamentables incidentes de Bilbao o Marsella? La duda se resolverá en las próximas semanas. Aunque desde el gobierno ruso insisten en enviar un mensaje de tranquilidad, el aviso llegó hace meses por parte de representantes de los ultras locales: “Para algunos será un festival de fútbol, para otros será un festival de violencia”.

a cita mundialista supone un desafío para el Kremlin, cuyo objetivo en el próximo mes, el tiempo que dura el Mundial, es claro: ofrecer una imagen modélica del país. Un reto para el que las autoridades, con Vladímir Putin a la cabeza, han empleado ingentes cantidades de recursos económicos y humanos en un momento de grandes tensiones internacionales que, eso sí, se han relajado en los últimos tiempos.

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