Trump atiza con datos distorsionados el discurso contra la inmigración a costa de México y Centroamérica

, , | 3 abril, 2018

El presidente advierte de una avalancha de indocumentados y de una frontera “débil”

JOAN FAUS. EL PAÍS.- El enemigo ha vuelto. “Nuestro país está siendo robado”, clama Donald Trump. El presidente estadounidense ha reavivado su discurso contra la inmigración irregular, piedra angular de su carrera política. En los últimos tres días, Trump se ha embarcado en una ofensiva en Twitter, en la que acusa a México de pasividad, advierte de los peligros de una avalancha de inmigrantes indocumentados procedentes de Centroamérica y se queja de los límites a los que están sujetos los agentes en la “débil” frontera. En sus mensajes, sin embargo, el republicano utiliza numerosos datos distorsionados, combinados con algunos reales, para dibujar un paisaje apocalíptico.

México, la promesa del gran muro fronterizo y el fantasma de los peligros de la inmigración irregular son una constante en la retórica de Trump. El presidente recurre a ellos cuando le conviene. Los detonantes, se especula ahora, son el malestar de la base de votantes de Trump porque no ha logrado que el Congreso financie la totalidad de la barrera con México y una caravana de inmigrantes centroamericanos que recorre México con el objetivo de pedir asilo en ese país o Estados Unidos.

Utilizando el estallido tuitero de Trump, la Casa Blanca instó el lunes al Congreso a acabar con los “imanes” que sostiene atraen a inmigrantes indocumentados a embarcarse en el peligroso periplo a EE UU, entre ellos endurecer las leyes de petición de asilo, facilitar la expulsión de menores y poder retener más tiempo a los inmigrantes. Sin embargo, muchos de esos asuntos están regulados por los tribunales y no los legisladores.

A continuación, repasamos qué hay de cierto y falso en las afirmaciones de Trump sobre inmigración en los últimos días:

Caravana de inmigrantes: “La gran caravana de gente de Honduras, ahora viniendo a través de México hacia nuestra frontera de leyes débiles, debe ser frenada antes de que llegué aquí. La fuente de dinero del NAFTA está en juego, así como la ayuda exterior a Honduras y a los países que permiten que esto ocurra. ¡El Congreso debe actuar ahora!”, clamó Trump este lunes en Twitter, juntado, cuando en realidad no lo están, la renegociación del acuerdo de libre comercio con México y Canadá, con la ayuda exterior y el trágico recorrido de personas que huyen de la inestabilidad en Centroamérica.

Trump ha descrito como peligrosa y “grande” la caravana de inmigrantes centroamericanos, la mayoría hondureños, cuando es una iniciativa que ha ocurrido en los últimos años y fruto de un drama humanitario. Se calcula que viajan unas 1.200 personas. El grupo se ha dividido en dos, uno que está en Matías Romero (Oaxaca) con unas 800 personas y otro de unas 400 que se movió hasta Ixtepec para tomar el tren conocido como La Bestia, que los conducirá hasta las afueras de Ciudad de México.

La diferencia respecto al pasado es que la emigración ya no es por motivos económicos sino que huyen de la violencia. En los últimos seis años, las peticiones de asilo en México han crecido más de un 1.000%: de unos pocos cientos de casos en 2011 a casi 9.000 cinco años después, según ACNUR. Y prevén el doble este 2018.

Ayuda exterior: En su mensaje, Trump amenazó con retirar la ayuda exterior a Honduras como castigo por el avance de esa caravana de inmigrantes. La frase es sorprendente dado que precisamente el objetivo de la ayuda económica que EE UU concede a países centroamericanos es mejorar las condiciones laborales y de seguridad para que sus ciudadanos no decidan emigrar. En 2015 el Gobierno de Barack Obama decidió ampliar esas ayudas como respuesta a la llegada masiva de menores indocumentados a EE UU un año antes, pero están vinculadas con avances en la lucha contra la corrupción y la violencia.

La frontera sur de México: “México está haciendo muy poco, por no decir nada, en frenar la entrada de gente a través de su frontera sur y luego a EE UU”, denunció Trump el domingo. La frase de nuevo choca con la realidad. Cada año transitan por México en dirección a Estados Unidos 400.000 personas, principalmente centroamericanas. Frente a la indiferencia de antaño, el control de la migración que llega del sur se ha convertido en un tema prioritario para México gracias a la implementación de un plan, firmado en 2014, de colaboración con EE UU contra el crimen organizado.

Desde entonces, México ha multiplicado los fondos y los controles en el sur del país lo que ha multiplicado las deportaciones. En los dos últimos años, superó a EE UU en número de expulsiones. El año pasado EE UU deportó a 96.000 migrantes frente a los 147.000 de México, a un ritmo de 293 diarios, según cifras oficiales. Sin embargo, mientras que el 60% de los deportados por EE UU han cometido algún delito, en México, muy pocos de los expulsados tenía antecedentes penales, según datos de la Cruz Roja.

Muro fronterizo: Trump advierte de un “flujo masivo de drogas y gente” entrando a EE UU y defiende que solo un muro, que complete las zonas actuales sin valla, puede frenarlo. Pero la llegada de inmigrantes, que son mayoritariamente centroamericanos, ha caído: en 2017 hubo 415.191 arrestos de personas cruzando ilegalmente la frontera sur de EE UU frente a las 563.204 de 2016, según datos oficiales. En febrero, sin embargo, aumentaron las aprehensiones, lo que podría explicar el nerviosismo de la Casa Blanca.

En cuanto a la entrada de drogas desde México, el panorama es dual. Entre 2011 y 2016, según los últimos datos de la agencia fronteriza estadounidense, la captura de metanfetamina se disparó un 347% y la de heroína un 45% mientras que las de cocaína y marihuana cayeron un 52% y un 49% respectivamente.

Sin embargo, la DEA, la agencia antidrogas, asegura que la mayoría de drogas de los carteles mexicanos entran en EE UU a través de los puertos fronterizos oficiales escondida en vehículos o camiones, según informe de 2015 citado por el diario USA TodayOtro estudio, de 2017 de Brookings Institution, un laboratorio de ideas en Washington, concluye: “Trabajadores indocumentados y drogas seguirán encontrando maneras de cruzar cualquier barrera. Y ese muro será irrelevante para la gente que se convierte en inmigrantes indocumentados al sobrepasar su visado”.

‘Dreamers’: “DACA está muerto porque a los demócratas no les importaba o no actuaron, y ahora todo el mundo quiere subirse al vagón del DACA”, escribió Trump el lunes. El presidente canceló el año pasado el programa que evita la deportación de inmigrantes indocumentados que llegaron de niños a EE UU, conocidos como dreamers, e instó al Congreso a encontrar una solución.

El presidente utilizó el DACA como arma de negociación con los demócratas para que acordaran financiar el muro y endurecieran las leyes migratorias. Pero cuando los demócratas le prometieron fondos para el muro a cambio de los dreamers, Trump lo consideró insuficiente. Ahora el futuro del DACA depende los tribunales, que han obligado al Gobierno a renovar el permiso a los receptores pero ya no se aceptan nuevas peticiones, por lo que no hay efecto llamada. Además, no solo es culpa de los demócratas sino también de numerosos republicanos que el Congreso solo haya financiado una ínfima parte del proyecto del muro con México.

Detención de inmigrantes: Trump culpa a “leyes demócratas” del número de días que un inmigrante, capturado tras cruzar ilegalmente la frontera, puede estar detenido. Pero son sentencias judiciales y situaciones prácticas las que han impuesto esos límites. Por ley, a las 72 horas de su detención debe buscarse un lugar de acogida para los menores de edad no acompañados; mientras mujeres y niños de la misma familia no pueden estar más de 21 días en un centro de detención de inmigrantes indocumentados. Además, no hay camas suficientes en esos centros y hay otras sentencias que limitan la detención para personas de países que no quieren repatriarlos.

Muchos de los inmigrantes indocumentados tienen que esperar varios años hasta que se fije una fecha para el juicio que decidirá si serán deportados o no de EE UU. Normalmente, durante ese intervalo de tiempo, se les autoriza a que trabajen en el país para poder tener recursos de subsistencia durante el periodo de espera.

“Las leyes de nuestro país no nos permiten fácilmente enviar a aquellos que cruzaron la frontera sur de vuelta a dónde vinieron”, se quejó Trump el lunes. Una ley, aprobada en los últimos días del Gobierno del republicano George W. Bush, impide la deportación inmediata de menores indocumentados que no sean de Canadá o México. Otra normativa también permite a los inmigrantes, que tengan “un miedo creíble” de volver a sus países y no sean considerados peligrosos, ser liberados de los centros de detención e iniciar una petición de asilo. La Administración Trump asegura que la ley es demasiado genérica y eso hace que se aprueben un 75% de las solicitudes de asilo.

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