Sánchez rescata del ostracismo a las mujeres ceutíes represaliadas durante la Guerra Civil

| 2 octubre, 2019

La doctora Antonia Castillo fue la primera mujer médico de Ceuta y una de tantas mujeres represaliadas durante la Guerra Civil; de fuertes convicciones, su trayectoria se caracteriza por su compromiso ético y social

EL PUEBLO DE CEUTA.- Este jueves, a las 18:30 horas en la Biblioteca Pública el historiador y miembro del IEC Francisco Sánchez Montoya reivindicará la figura de la médico ceutí Antonia Castillo en el seno de las XXII Jornadas de Historia de Ceuta “Historia en femenino”. Su conferencia lleva por título “Mujeres ceutíes en el exilio y la doctora Castillo”. A lo largo de estas jornadas se ha analizado el papel de las mujeres en diferentes periodos de la historia, desde la prehistoria a la Edad Media. Montoya ha elegido esta figura como representativa de la etapa convulsa que atravesó España durante la primera mitad del siglo XX. Época que sigue formando parte de la actualidad en terrenos como la política con la posible exhumación de Franco en el Valle de los Caídos y la Ley de Memoria Histórica o la cultura con la última película de Amenábar reflejando el enfrentamiento ideológico entre Unamuno y Millán Astray. 

A la doctora Castillo le pilló por medio la Guerra Civil y tuvo que incorporarse, como Machado y tantas personas a su pesar, a ese éxodo de “la España vencida” hacia Francia en primer lugar y con posterioridad a otros destinos europeos, africanos e incluso americanos. El devenir de todas ellas incierto, la suerte dispar, la vida atravesada por una herida invisible. La caravana de españoles en el exilio contiene nombres insignes, desde Francisco Ayala a Alberti pasando por la familia García Lorca, cuyo progenitor en vistas del asesinato del hijo poeta promete no regresar a la ingrata España. 

Aunque parezca difícil de creer Francisco Sánchez señala que en Ceuta, en particular, apenas hemos investigado sobre este tramo histórico, hallándose el estudio en un estadio de “menos cero”. En este sentido sólo hay constancia de una porción del conjunto de mujeres obligadas a exiliarse, debido a “su falta de notoriedad pública”. No era el caso de Antonia Castillo, primera mujer licenciada en medicina de la ciudad. Debido a esta razón Sánchez Montoya dedicará parte de su charla a estas mujeres anónimas, sepultadas por el olvido histórico, pero cuyo valor y compromiso son innegables.

En 1966 tras su exilio mexicano la doctora volvería a España, pero no nos adelantemos a los acontecimientos. Recordaría entonces cómo fue expulsada en 1939, siendo acompañada por su marido, el prestigioso filósofo Luis Abad Carretero. Ella tuvo suerte y pudo contarlo.

Antonia Castillo Gómez nació un 27 de noviembre de 1907 en Ceuta. Su padre, Enrique, era propietario de una fábrica de conservas. Antonia tuvo cinco hermanos. El 28 de agosto de 1923, con quince años, obtuvo su título de bachiller. Era una excelente estudiante, llegando a obtener sobresaliente con matrícula de honor en la asignatura de alemán. A continuación se trasladó a Madrid para estudiar medicina. Ese era su firme propósito y a esta profesión dedicaría con devoción sus mayores esfuerzos. Con veinte años se licencia y viaja a París con el objeto de ampliar su formación. Proclamada la II República la nombran médico de la Beneficencia Municipal, donde debía atender a personas carentes de recursos.


Hacia 1932, Antonia vivía en su propia casa en la calle Camoens donde atendía a los enfermos ayudada por su hermana África. Pero, comprometida como era con las buenas causas, entre toda esta vorágine laboral aun tuvo tiempo para pronunciar varias conferencias en la Casa del Pueblo dirigidas a las mujeres de los obreros como la titulada ‘El seguro de maternidad’. Las mujeres comenzaban a reivindicar su sitio en una sociedad que hasta ese momento las había marginado. Esta circunstancia y su relación con la intelectualidad de izquierdas influyeron en su represión posterior. Es la punta del iceberg de unas vivencias que las conducirían, bajo acusaciones falsas de negligencia, a exiliarse a  Méjico y a especializarse allí en oncología. El historiador desentrañará su legado durante su conferencia del jueves.

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