Los medios públicos húngaros alentaron el miedo a la inmigración para asegurar la victoria de Viktor Orbán

, , | 15 abril, 2018

Periodistas de la cadena pública de televisión cuentan que sus jefes recibían consignas del Gobierno contra los extranjeros para difundir noticias falsas

«Se construyó una atmósfera de miedo. Se ha aplicado la teoría de los reflejos condicionados de Pavlov para palabras como peligro, terrorismo, migrantes, oposición, Soros y Bruselas», explica un periodista

DANIEL NOLAN. SHAUN WALKER. ELDIARIO.ES.- Los periodistas vieron a su editor en la cadena pública de televisión hacer un gesto de victoria con el puño mientras hablaba por teléfono. Más tarde comprendieron cuál era el mensaje que estaba recibiendo aquel domingo por la noche: Viktor Orbán había conseguido una rotunda victoria en las elecciones parlamentarias.

Tras una campaña basada principalmente en el sentimiento contra la inmigración, Orbán y su partido Fidesz lograron por tercera vez consecutiva una mayoría absoluta de dos tercios en el Parlamento húngaro. Una vez ganadas las elecciones, los observadores internacionales se quejaron de la «retórica intimidatoria y xenófoba» de la campaña y dijeron que la televisión pública «favorecía claramente a la coalición gobernante en contra de las normas internacionales».

The Guardian ha hablado con varios empleados de la red pública de emisoras MTVA para conocer la historia de cómo los canales públicos de televisión difundieron los mensajes del Gobierno y, a veces, también historias falsas con el único objetivo de sumar partidarios al mensaje anti-inmigración del primer ministro.

Los periodistas recuerdan que la red pública dedicó especial atención a las historias negativas sobre refugiados y migrantes, vinculándolos con crímenes y terrorismo. No cesó ni en la víspera de las elecciones, cuando el canal M1 informó erróneamente de que el choque de una furgoneta contra una multitud en Münster (Alemania) era un atentado terrorista islámico. «Nunca había vivido algo así, ni siquiera en la MTVA. Era una mentira obvia», afirma uno de los periodistas.

La televisión y miles de carteles pegados por todo el país reforzaron el mensaje del Gobierno húngaro de que hay millones de peligrosos inmigrantes esperando para entrar en Hungría. Esa campaña presentó a  George Soros –el filántropo y magnate de las finanzas de origen húngaro que ha invertido miles de millones de dólares en grupos de sociedad civil de Europa Central y del Este–, como parte de un complot de Bruselas y de la oposición húngara para destruir el país permitiendo la entrada a los extranjeros.

«Creo que se construyó una atmósfera de miedo. Se ha aplicado la teoría de los reflejos condicionados de Pavlov para palabras como peligro, terrorismo, migrantes, oposición, Soros y Bruselas», sostiene el periodista.

Los telediarios emiten periódicamente imágenes de 2015 con refugiados caminando por Budapest, enfrentamientos entre refugiados y policía antidisturbios en la frontera entre Hungría y Serbia o ataques terroristas en otros países de Europa. Según el periodista, «la tolerancia se critica de forma cotidiana, mientras que el sentimiento anti-inmigración se presenta como la única opinión que cuenta».

Los periodistas dicen que muchos de los mensajes contra los inmigrantes vienen directamente del Gobierno. Los redactores que trabajan en crónicas donde Orbán es uno de los protagonistas reciben una lista de palabras clave para usar. «A veces el editor viene a la redacción con el teléfono en la mano y nos dicta una crónica completa, palabra por palabra. No sabemos quién está al otro lado del teléfono», explica uno de los periodistas.

Unos documentos enviados por error al personal subalterno de la MTVA y a los que ha tenido acceso The Guardián parecen confirmar que hay una participación directa del Gobierno. Se cortan y pegan las directrices editoriales elaboradas por el personal de la oficina del primer ministro para proveer a los periodistas de temas con los que acabar con la reputación de los ciudadanos húngaros abiertamente críticos con el Gobierno.

Una de las directrices que esa oficina emitió el año pasado iba dirigida contra el activista Márton Gulyás, así como contra un exdiputado del Partido Verde y contra un profesor universitario. Otro de los documentos se centraba en Soros.

Gulyás había convocado un debate vespertino titulado «Resistencia, desobediencia – sin violencia». Lo usaron como prueba de que Gulyás se preparaba para protagonizar disturbios y enfrentamientos con la policía.

«Fue completamente ridículo», afirma Gulyás sobre la cobertura del debate. «Teníamos planes para protestar contra el Gobierno, pero nuestras intenciones eran, por supuesto, completamente no violentas, pero los medios partidarios de Fidesz nos acusaban constantemente de crear violencia y escándalos».

Consultado por esas directrices del Gobierno, un portavoz de Orbán explica que el Gobierno no responde a las preguntas de los medios de comunicación porque no tiene control sobre los medios de comunicación. La MTVA tampoco ha querido hacer declaraciones. El conglomerado público de medios tiene un presupuesto anual equivalente a unos 260 millones de euros.

En los últimos ocho años, el Gobierno ha tomado medidas para consolidar su control sobre las radios, televisiones y periódicos húngaros. Muchas empresas de medios han sido compradas por personas vinculadas al Gobierno.

Origo.hu, un popular medio digital, es una de las muchas empresas que han cambiado de manos. De una subsidiaria de Deutsche Telekom ha pasado a pertenecer al hijo del gobernador del banco central de Hungría.

András Pethö fue su subdirector hasta 2014, cuando se marchó para crear junto a otros periodistas la web direkt36.hu. «Origo era un lugar realmente bueno para hacer periodismo, pero luego empezaron a presionarnos para que ignoráramos ciertas historias. No cumplimos y obligaron a mi editor a que se fuera”, recuerda. «He estado revisando Origo en las semanas previas a las elecciones y una de cada dos crónicas tenía la palabra migrante en el titular», añade.

Mientras tanto, los medios afines al Gobierno ignoraron en gran medida los escándalos de corrupción que estallaron antes de las elecciones con figuras importantes del Fidesz involucradas.

A Orbán le quedan otros cuatro años para gobernar. Con una mayoría de dos tercios de los escaños puede cambiar la Constitución y hay temores de que el Gobierno actúe contra los pocos medios críticos que quedan. El miércoles se imprimió la última edición del periódico Magyar Nemzet, uno de los pocos que publicaron artículos críticos antes de las elecciones. Su propietario, un empresario peleado con Orbán, decidió dejar de financiarlo.

El canal de televisión TV2, propiedad de un empresario amigo del Gobierno, publicó tras las elecciones un reportaje en el que se nombraba a 24 presuntos agentes de Soros. Entre ellos figuraban Gulyás, varios periodistas independientes y líderes de ONG. El miércoles, el semanario progubernamental Figyelő también publicó otra lista de supuestos agentes de Soros.

Los periodistas que han hablado con The Guardian sostienen que han decidido expresarse «desde la decencia y la verdad». También, aseguran que algunos empleados de la televisión pública estaban pensando en dimitir tras las elecciones. «Me sentí muy mal porque vi que podíamos influir y de hecho influimos sobre la gente», cuenta uno de ellos. «Algunos de nosotros nos habíamos consolado pensando que nadie ve el programa que hacemos, que no somos relevantes. Resulta que sí lo somos, desgraciadamente».

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