La turismofobia golpea la principal puerta de entrada de turistas a Mallorca

| 16 julio, 2018

Unas 15 personas reparten octavillas y despliegan una pancarta en el aeropuerto con el lema ‘El turismo mata’

Horas antes varios hoteles ‘boutique’ de Palma amanecieron con pintadas contra el motor económico de las Islas

15/07/2018 El Mundo.- Las acciones de protesta contra la masificación turística regresan con fuerza al calor del inicio de una nueva temporada en Baleares. Si a principios de semana miembros de la organización juvenil independentista Arran -vinculada a la CUP- asaltaron un autobús turístico en Palma para protestar contra la saturación, ayer se produjeron dos nuevos episodios contra la principal actividad económica del archipiélago. En esta ocasión, los agraviados fueron el aeropuerto de Palma, puerta de entrada mayoritaria de los visitantes que deciden pasar unos días de asueto en Mallorca, y los hoteles boutique del centro de la ciudad.

Fiel a su palabra dada el pasado miércoles, cuando Arran anunció que estaban preparando «más acciones para este verano», ayer consumaron su amenaza. De la mano de la plataforma Ciutat per a qui l’habita, congregaron en la terminal de llegadas de Son Sant Joan a unas 15 personas para increpar a la mayor fuente de ingresos de Baleares: el turismo.

Todo ello ante la mirada atónita de centenares de turistas que en esos momentos llegaban a Palma para iniciar sus vacaciones. Sin duda, la peor publicidad, en el peor momento posible, en plena temporada alta y con las reservas muy por debajo de años anteriores.

Durante los minutos que duró la reivindicación, hasta que agentes de la Policía Nacional identificaron a los activistas, el grupo exhibió una pancarta en la que se podía leer Tourism kills Mallorca (El turismo mata a Mallorca). Además de esta gran tela, visible desde varios puntos de la terminal, los participantes portaban otras que rezaban lemas como Quien quiere a Mallorca no la destruye, Un vuelo por minuto es insostenible, Turismo de masas-Precariedad laboral o Cien mil personas por día es insostenible.

Durante la protesta se entregaron octavillas a los visitantes que optaban por cogerlas, en catalán, inglés y alemán, en las que se denunciaban la «presión humana» sobre el territorio y la «crisis medioambiental de extrema gravedad que padece Mallorca», así como «la mercantilización del paisaje, el medio ambiente y el patrimonio». «Mallorca es el paraíso de los salarios bajos, el derecho a una vivienda digna se ha convertido en un lujo y los residentes son expulsados de las ciudades, donde todo está al servicio de la industria turística», explicaba el texto.

Por último, el manifiesto exigía a las autoridades -sin citarlas expresamente- «poner límites» y aseguraba que cada vez son más las personas que reclaman un «decrecimiento turístico» para superar «la crisis ecológica y social que sufre la isla», un reto «imprescindible y urgente». Y justificaron sus peticiones con cifras de tráfico aéreo. «Cada día pasan hasta 1.097 vuelos por el aeropuerto de Palma, con un horario de 17 horas activas», lamentaron.

Precisamente, ayer era un día de mucha actividad en Son Sant Joan, con 1.113 vuelos programados y más de 185.000 pasajeros en total.

Pero no fue el único episodio del día. Horas antes, algunos hoteles boutique de la capital amanecieron con pintadas ofensivas contra estos establecimientos del casco antiguo de la ciudad. Al menos cuatro de ellos fueron atacados por el colectivo Tot Inclòs, «dedicado a la crítica integral del turismo», y que poco después publicó en las redes sociales imágenes de sus actos vandálicos.

Con mensajes en inglés y en catalán, las fachadas de estos hoteles exhibían lemas como Un hotel más, 100 vecinos menos, El turismo mata a la ciudad o Basta de hoteles.

«Bajo la excusa de la rehabilitación y el turismo de calidad estos establecimientos son responsables directos de la expulsión de vecinos, el encarecimiento de la vida y la destrucción del tejido social. Su lujo es nuestro desplazamiento», opinaron ayer desde este colectivo en la red social Twitter.

Ambas acciones generaron una ola de indignación y repulsa en ámbitos turísticos, empresariales y aeroportuarios de las Islas. Todos censuraron sin fisuras estos nuevos ataques contra el turismo. «No vamos a contestarles, es lo que quieren, buscan nuestra respuesta», precisaba ayer un hotelero indignado por la situación y la escasa reacción de las autoridades. En la planta noble del aeropuerto el enfado era notorio. «Luego lloraremos, tiempo al tiempo», apuntaban, conscientes de que quizá los tiempos futuros no sean tan buenos como los de los últimos años y toque arrepentirse de estos actos.

Paradójicamente, esta última acción fue muy criticada en las redes sociales. Usuarios de Twitter la calificaron como «puro vandalismo» y hubo hasta quienes ensalzaron la importancia de estos hoteles, que abren todo el año, no destruyen empleo y generan de media unos 20 puestos de trabajo nuevos cada año. «Precisamente los turistas que van a esta clase de hoteles son los que respetan la ciudad, no tenéis valor para ir a Punta Ballena o el Arenal», les recriminaron desde la red social.

Desde la oposición, el líder del PP en Baleares, Biel Company, acudió al aeropuerto para «condenar las acciones de turismofobia de esta mañana». «Estamos aquí para denunciar los actos en contra del turismo diciendo que nos sobran los turistas y que no los queremos. Es muy grave que esto quede en total impunidad cuando ya comenzaron a hacerlo el año pasado y atentan contra la economía básica de Baleares», criticó Company. Lamentó que se trate de grupos que están «alentados o consentidos por parte del Govern y por la presidenta Armengol».

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