La publicación de los protocolos secretos del pacto entre la URSS y la Alemania nazi hace 80 años solivianta a la sociedad rusa

| 23 agosto, 2019

El aniversario ha agravado la división entre los rusos que creen que la URSS no tenía más remedio que pactar con la Alemania nazi y los que opinan que ese acuerdo dio alas a Hitler para iniciar la Segunda Guerra Mundial

RAFAEL M. MAÑUECO. ABC.- La polémica sobre si Stalin hizo bien o no en pactar con Hitler el 23 de agosto de 1939 estalló hace ya cuatro años. El presidente Vladímir Putin justificó la decisión del dictador comunista ante la canciller alemana, Angela Merkel, el 10 de mayo de 2015, cuando ésta acudió a Moscú al día siguiente de celebrarse el desfile de la Victoria soviética sobre la Alemania nazi. Ahora, cuando se cumplen 80 años de aquel discutido acuerdo, que coincide con la salida a la luz de los protocolos secretos anexos al documento, la controversia se ha agravado.

A juicio del historiador y director científico del Archivo Estatal de Rusia, Serguéi Mironenko, el pacto que concluyeron en Moscú el 23 de agosto de 1939 el ministro de Exteriores de la URSS, Viacheslav Mólotov y su homólogo de la Alemania hitleriana, Joachim von Ribbentrop, en presencia de Stalin «fue no sólo un error estratégico sino también un crimen perpetrado por Stalin y el resto de la dirección soviética».

El pasado 20 agosto, el Archivo Federal ruso inauguró la exposición «Año 1939, comienzo de la II Guerra Mundial», que incluye más de 300 documentos, entre ellos el pacto Mólotov-Ribbentrop y sus protocolos secretos. Estipulaban, no sólo la no agresión entre ambos estados, sino también el reparto de zonas de influencia en el este de Europa. El dictador comunista obtenía así vía libre para incorporar a su esfera de intereses a Finlandia, Estonia, Letonia, Lituania, Besarabia (actual Moldavia) y la parte este de Polonia.

De ahí, según considera el economista y político liberal, Grigori Yavlinski, que la actual Polonia y las tres repúblicas bálticas «sean tan sensibles a lo sucedido en Ucrania», en alusión a la anexión de Crimea y al intento de partición del país mediante la ayuda rusa a los separatistas de Donetsk y Lugansk.

El pacto Mólotov-Ribbentrop salió a la luz por primera vez para los historiadores en 1989, cuando al frente del país estaba el paladín de la «perestroika», Mijaíl Gorbachov. El documento fue expuesto al público en 1995, ya con Borís Yeltsin al frente de Rusia, con motivo del 50 aniversario de la Victoria sobre la Alemania de Hitler. Pero luego desapareció y fue puesto a buen recaudo por Putin. Hasta ahora, que ha visto conveniente no ocultar ese oscuro capítulo de la historia reciente del país.

La Enciclopedia Soviética, al igual que la historiografía de la época comunista, sostiene que Stalin pacto con Hitler para «garantizar la seguridad» de la URSS y «ganar tiempo» al contar supuestamente con unas tropas todavía incapacitadas para enfrentarse al Ejército nazi. Se subrayaba además que la culpa de que la Unión Soviética se viera obligada a aquella alianza de conveniencia con el III Reich fue de las potencias occidentales por no crear una coalición antinazi y encima propiciar, mediante el Acuerdo de Múnich de 1938, que Hitler arrebatara a Checoslovaquia los Sudetes.

Sin embargo, al final del mandato de Gorbachov y durante los casi nueve años que estuvo Yeltsin como presidente de Rusia, se hizo una lectura diametralmente opuesta del pacto Mólotov-Ribbentrop, acusando a Stalin de haber dado oxígeno al monstruo que ocupó casi toda la Europa, atacó la URSS y causó la guerra más mortífera en la historia de la Humanidad.

Blanqueando a Stalin

Así ha sido hasta que Putin recuperó la vieja interpretación comunista que blanquea a Stalin. «La Unión Soviética hizo una tarea gigantesca para crear las condiciones favorables para una resistencia colectiva al nazismo en Alemania (…) para formar un bloque antifascista en Europa, pero tales esfuerzos no se coronaron con éxito», dijo el presidente ruso junto a Merkel en una rueda de prensa ofrecida el 10 de mayo de 2015. Según sus palabras, que citaban además a su ministro de Cultura, Vladímir Medinski, «aquel pacto tenía sentido desde la perspectiva de garantizar la seguridad para la Unión Soviética». A juicio de Medinski, la firma del acuerdo por parte de Mólotov y Ribbentrop «fue un triunfo de la diplomacia de Iósif Stalin».

Merkel, sin embargo, aseguró en su comparecencia ante los periodistas que «es difícil comprender el pacto Mólotov-Ribbentrop, si no se tiene en cuenta la cláusula secreta que preveía la repartición de Polonia (entre Alemania y la URSS) y la anexión de los países bálticos». «Desde este punto de vista, creo que no era correcto, que se sustentaba sobre una base ilegítima», aseguró entonces la canciller alemana.

Otra de la consecuencias del pacto entre Hitler y Stalin fue la matanza de casi 22.000 oficiales de Ejército polaco en Katyn por parte de la sanguinaria policía del régimen, el NKVD (Comité Popular de Asuntos Interiores), verdugos a su vez de decenas de miles de personas en la propia Rusia y en otras repúblicas soviéticas. Por eso hoy día la sociedad rusa está dividida entre quienes justifican la conveniencia del pacto Mólotov-Ribbentrop y quienes lo condenan.

Los detractores de los intentos de reescribir aquellos acontecimientos por parte de los historiadores fieles al Kremlin creen que, si en 1939 la URSS hubiese declarado la guerra a Alemania. Hitler no hubiera podido llevar a cabo la invasión de Polonia ni ocupar Francia y menos aún haber atacado a la URSS dos años después. Pero Stalin prefirió pactar con Hitler para satisfacer su afán expansionista.

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