El misterioso coma de los niños en Suecia

| 23 enero, 2018

Cientos de hijos de familias de refugiados caen en un extraño síndrome que solo se ha registrado en Suecia. Los científicos no tienen respuestas contundentes para explicarlo y lo han bautizado como Síndrome de Resignación

ANA VIDAL EGEA. EL PAÍS.- Sucede solo en Suecia y nadie sabe exactamente por qué: cientos de niños caen en un estado de coma tras informar a sus familias de que deben ser deportadas. El primero se registró en 1998, pero ha sido recientemente cuando se han denunciado públicamente. Les sucede a hijos de refugiados procedentes de países soviéticos o de la antigua Yugoslavia y de grupos minoritarios como los yazidíes cuando son informados de que el asilo en el país les ha sido denegado. Aunque las cifras no están claras, algunos investigadores hablan incluso de miles de casos y lo califican como «histeria epidémica», aunque oficialmente se le ha bautizado como Síndrome de Resignación (SR), también conocido con la palabra sueca uppgivenhetssyndrom.

Los niños que la sufren no padecen ningún problema físico ni neurológico, pero caen en este inexplicable coma. Según Göran Bodegård (director de la unidad psiquiátrica para niños del Hospital universitario Karolinska, en Estocolmo) en un artículo que publicó en 2005 en la revista médica Acta Pædiatrica, los pacientes están «totalmente pasivos, inmóviles, carentes de tono, retraídos, mudos, incapaces de comer y beber, incontinentes y sin reaccionar ante los estímulos físicos o el dolor. A los afectados se les llama «niños apáticos», aunque también hay víctimas adolescentes.

Desde entonces, todos los estudios existentes han tratado inútilmente de averiguar la causa y el porqué de la concentración geográfica de víctimas. En un principio se trató de explicar el fenómeno mediante la teoría del estrés pero resultó insuficiente porque, aunque se considera un desencadenante del SR, no explica que los casos se den solo en un país y en ciertos grupos inmigrantes, pero no en otros que están también bajo tensión.

Dos décadas después de que se describiera el primer caso, aún no ha llegado a resolverse el gran enigma de por qué solo acaece en Suecia. Solo entre 2015 y 2016, la Junta Nacional de Salud de Suecia declaró que hubo 169 episodios, informa la BBC. La hipótesis más sólida apunta a una psicogénesis cultural. Según la tesis de Karl Sallin, el neurólogo sueco que lidera la investigación y que también trabaja como pediatra en el Hospital Infantil Astrid Lindgren de Estocolmo, los niños internalizan los patrones de conducta que se están dando en ese país. El peligro que esto entraña es el de producir un efecto dominó. El dilema moral al que la sociedad se enfrenta es que, si no se les diera un tratamiento a los niños afectados, morirían; pero el hecho de atenderlos parece da pie a nuevos casos.

El SR sigue siendo un misterio. El fenómeno comenzó a ser conocido fuera de Suecia en abril de 2017, cuando se publicó el primer reportaje al respecto,firmado por Rachel Avid en la revista The New Yorker. Según relata, la enfermedad movilizó a que gran parte de la población protestara porque, pese al creciente número de niños enfermos, las deportaciones seguían llevándose a cabo. En consecuencia, cinco de los siete partidos políticos más importantes del país pidieron amnistía para las víctimas, más de 60.000 ciudadanos suecos firmaron una petición para detener la deportación de los niños apáticos, y Gellert Tamas, respetado presentador de un conocido programa de televisión, llegó a decir que el problema estaba haciendo que se tambaleara el Gobierno. Gracias a la demanda popular, el Parlamento sueco se vio forzado a permitir que se revisara la solicitud de estancia de 30.000 familias cuya deportación era inminente.

La enfermedad es tan fascinante como extraña; ¿por qué solo sufren este síntoma individuos que oscilan mayormente entre los siete y los 19 años de edad? La respuesta más aceptada es que los adultos tienen personas a su cargo que dependen totalmente de ellos, por lo que no se permiten a sí mismos perder el control; mientras, los niños sometidos a un gran estrés somatizan el sufrimiento de sus familias mediante el coma. «Creo que es una forma de autoprotección. Son como Blancanieves», comenta Elisabeth Hultcrantz, una otorrinolaringóloga que trabaja como voluntaria en Médicos del Mundo tratando a menores que padecen de esta enfermedad.

Los más escépticos con el fenómeno del Síndrome de la resignación apuntaban a que los niños se inducían o eran inducidos al coma por sus familiares (síndrome de Münchhausen) con el fin de permanecer más tiempo en el país posponiendo la deportación, pero aunque ciertamente se han dado casos falsos, han sido muy pocos, y esta hipótesis ha sido descartada por falta de pruebas. Según los médicos e investigadores, los síntomas de la enfermedad no son voluntarios y muchos individuos desconocen la patología antes de caer en ella. A lo que se suma el hecho de que no se trata de un episodio efímero, teniendo en cuenta que las víctimas han llegado a permanecer en un estado similar a la catatonia por un período de hasta dos años, y a que en ocasiones, también se dan casos de reincidencia.

Pese a que se ha arrojado más luz sobre los desencadenantes, nadie sabe aún con exactitud cómo poder detener esta epidemia. En el 2013, la junta sueca de salud y bienestar publicó una guía de 63 páginas para tratar el SR en la que aseguraban que el tratamiento más efectivo era otorgar permisos de residencia permanente, ya que de lo contrario los pacientes no se recuperarían. No obstante, el doctor Sallin apunta a que el problema está más relacionado con el trauma que con la condición de refugiado y que por lo tanto, la recuperación puede ser aún más compleja. «Se conocen muchos casos de individuos que han mejorado sin que a la familia se le haya tenido concedido un permiso de residencia, y también hay niños que han caído enfermos incluso teniéndolo. Pueden pasar cinco meses desde que reciben una respuesta positiva de asilo hasta que se perciben ciertos signos de mejora.»

Ya se sabe que el estado anímico puede afectar a la salud. Existen incluso estudios que muestran mayor probabilidad de fallecer tras perder a un ser querido, lo que siempre se ha llamado «morir de pena», pero hasta ahora estaba ligado a adultos. El síndrome de la resignación, sin embargo, afecta a niños y demuestra que el trauma de la exclusión y el hostigamiento social son mucho más feroces que lo que teóricos y psicoanalistas pudieron nunca prever.

La inhabilidad para resolver la crisis de los refugiados es sin duda, uno de los problemas más graves a las que se enfrenta la humanidad. Esta es solo una de las consecuencias.

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