El enigmático argentino que mató a un soldado nazi en un campo de exterminio y se convirtió en leyenda

| 21 abril, 2020

En Treblinka murieron más de 900.000 judíos y un oficial alemán, Max Biala, a manos de Meir Berliner, un ciudadano argentino que quedó varado en Polonia cuando estalló la Segunda Guerra Mundial. Quién fue el misterioso hombre que cometió el único acto individual de resistencia armada en los seis campos de exterminio nazis

MILTON DEL MORAL. INFOBAE.- Meir Berliner es la obsesión de Marcia Ras, historiadora de la Universidad de Buenos Aires, investigadora del Museo del Holocausto y en proceso por presentar su tesis de doctorado sobre los ciudadanos argentinos víctimas del Holocausto. Recopiló las declaraciones de testigos presenciales del crimen y persiguió la cadena de su proeza hasta concluir que el ataque de Berliner al SS sirvió de inspiración y gestó conciencia para concebir el Levantamiento de Varsovia, la epopeya del 19 de abril de 1943 que representó la respuesta más emblemática al sistema de opresión nazi.

Ras, en un relevamiento de testimonios de sobrevivientes de Treblinka, halló la repetición de un dato curioso: testigos y prisioneros contaban la epopeya de un ciudadano argentino que había quedado varado en Polonia con el estallido de la guerra. Lo describen como un hombre que había estado en el ejército argentino. “Meir era un hombre robusto, moreno, simpático. Era una persona digna, de buen corazón y buen compañero. Siempre compartía el poco alimento, los cigarrillos y el agua que recibía. Y siempre estaba dispuesto a ayudar a quién lo necesitara. Era conocido por su forma de ser, por colaborar y ser querido por todos”, amplió Krzepicki.

La investigadora rastreó por canales oficiales en las fuerzas de seguridad durante cinco años. Buceó también las vías extraoficiales. Escribió solicitudes a tres ministros de Seguridad diferentes. No halló ninguna conexión con Berliner y la Argentina. Su anonimato alimentó aún más sus sospechas: estaba buscando el hilo de un hombre oscuro e inmoral, un hombre desamparado o un hombre del campo profundo. Su habilidad con el cuchillo puede acreditar estas suposiciones. De cualquier manera, los testimonios de sobrevivientes y los archivos polacos coinciden: todos lo recuerdan.

“Es el argentino que hizo el acto más extraordinario del que tengamos conocimiento durante el Holocausto”, tituló Marcia Ras. Su definición comulga con la de Jonathan Karszenbaum, director del Museo del Holocausto de Buenos Aires: “Es el argentino más importante en la historia de la Shoá. Su historia nos permite echar luz sobre aquellas acciones individuales de rebelión judía contra los nazis. Es probable que hayan existido numerosos actos como el suyo que probablemente no hayan trascendido por falta de testigos. En su caso, sirvió como inspiración para la posterior rebelión en el campo de exterminio de Treblinka, el campo que más judíos vio morir luego del de Birkenau”.

Marcia Ras lamenta que su épica no se anexe a la historia oficial. “Estoy convencida de que su nombre debe ser destacado. Merece estar en el panteón de los judíos de la resistencia. Sacha Pechersky es el héroe de la memoria rusa del Holocausto. En mi humilde opinión, lo mismo debería ser Berliner para la Argentina. Aquí es donde debemos sostener, construir y levantar esa memoria. De todos los que pasaron por Treblinka, él fue el único que mató a un nazi”, subrayó.

Treblinka no fue el mismo después del acto de rebelión de Berliner. A los cuarteles del campo los bautizaron “Max Biala”, en memoria al oficial asesinado. Krzepicki, que escapó del campo dos días después en un vagón cargado de objetos robados a las víctimas, describió cómo había cambiado la percepción de los nazis: “De alguna manera, sintieron que un terror, no menos grande que su crimen, se había asentado en sus huesos. Temblaban ante los judíos. Hasta que me fui los vi pasando cerca de los alemanes con las manos en alto. Ellos ordenaban ‘¡arriba las manos!’. Y cada vez que los alemanes se acercaban a un judío, los miraban de cerca. Tenían miedo de lo que los judíos podían hacer con sus manos”.

“La muerte de Biala hizo que los alemanes cambiaran su estrategia sobre cómo tratar a los judíos. Los dejaron de ejecutar al final de cada día y se empezó a crear una población estable de trabajadores que llevó a entender lo que pasó después allí”, analizó la historiadora.

Los oficiales alemanes negociaron: prometieron vida a cambio de una colaboración voluntaria. La historiadora lo interpreta como un acto de sumisión del régimen nazi. Las ejecuciones pasaron a ser hechos aislados, reservados para disciplinar intentos de fuga. La conservación de un grupo de trabajadores permitió, según la visión de Ras, “la fundación de los comandos de sublevación, el tejido de relaciones de solidaridad y la formación de un núcleo de resistencia organizada”. PlayTreblinka, el campo de exterminio que se usó como recurso de la maquinaria de aniquilación del nazismo, hoy

Lo que pasó después fue el desprendimiento de lo que se había animado a hacer Berliner, frutos de su semilla. El domingo 2 de agosto de 1943, cuando cuatro guardias alemanes y 16 soldados ucranianos se habían ido a nadar a un río cercano, un grupo de judíos activaron el operativo escape. Se habían organizado en células secretas y escondido bidones de nafta, herramientas filosas, armas y granadas. Provocaron el incendio de unas cámaras de gas, cortaron el cerco perimetral y emprendieron la fuga. 57 judíos sobrevivieron en la huida por los bosques.

Berliner se convirtió en leyenda. En las noches de fogata en Treblinka, los prisioneros evocaban su heroísmo. Los testigos presenciales se encargaron de difundir su acto de resistenciaSin proponérselo, había sembrado un espíritu de rebelión. Lo idealizaban. A los nuevos deportados le contaron su gesta. Los que lograban escapar transmitieron la noticia.

El propio Abraham Krzepicki propagó la proeza de Berliner en el gueto de Varsovia, donde siete meses después se gestó el levantamiento polaco. La lucha comenzó el 19 de abril y siguió durante 27 días. La sublevación era una sentencia de muerte. Combatieron con dignidad y heroísmo en condiciones de inferioridad, aún aceptando que la muerte era inevitable. Fue el “Nunca Más” del pueblo judío, tal como definiera Ariel Gelblung, representante para América Latina del Centro Simón Wiesenthal.

Lo mismo habrá pensado Meir Berliner cuando decidió cobrar venganza por la muerte de su esposa y su hija. En Varsovia, se dedicaron a divulgar la historia de un argentino loco que acuchilló a un oficial nazi en Treblinka. Su insurrección, tal vez, haya inspirado la rebelión más emblemática de la historia moderna.

HISTÓRICO

Enlaces internacionales