El doble desamparo que sufre Lesbos está dando réditos a la ultraderecha

, , | 10 marzo, 2020

Son momentos de nacionalismo exacerbado en unas islas que fueron otomanas hasta 1912 y siempre han vivido bajo la sombra del enemigo turco

GEMMA SAURA. LA VANGUARDIA.- Los ladrones llegaron el pasado miércoles por la noche. Volvieron el jueves. Y el viernes.

Chariklia Doonia mira llorosa las estanterías vacías del almacén. “Se lo han llevado todo. Vino, refrescos, galletas, azúcar, pañales… Todo. Sólo han dejado el agua y el detergente”, cuenta. Calcula que los productos robados ascienden a 5.000 euros, los beneficios de medio año.

La pequeña empresa mayorista de alimentación de Chariklia, en la isla griega de Lesbos, está en una trinchera. A cien metros se levantan las primeras tiendas del campo de Moria, donde viven 20.000 migrantes en condiciones miserables, la mayoría en chabolas autoconstruidas, sin agua corriente ni electricidad. Con frío.

El tramo de carretera está lleno de almacenes y naves industriales. No hay nadie –asegura Chariklia– que no haya sufrido al menos un intento de robo.

Bajo la política migratoria de la UE, Lesbos acoge a 27.000 migrantes, con 80.000 habitantes

Cuando compró el terreno, hace diez años, parecía una gran elección. Era una zona barata, segura y a seis kilómetros de Mitilene, la capital. Todo cambió con la apertura del campo. Una noche se llevaron los paneles del tejado, seguramente para construir una chabola. Otra vez les dejaron sin electricidad para pinchar la corriente. Tienen que arreglar cada dos por tres la alambrada y reponer los postes de metal. Un coche que tenían aparcado en el patio está totalmente destrozado. Los productos robados la semana pasada habrán ido a parar a alguno de los colmados de Moria.

Ninguna aseguradora quiere cubrirles. Están intentando alquilar el almacén para trasladarse a un lugar más seguro. Sólo se ha interesado una oenegé.

“No espero nada de la policía. Pasan cada día por aquí, ven lo que ocurre, y no hacen nada”, dice la mujer. Esta vez no ha sido distinto. Denunciaron el primer robo, pero ello no impidió que los ladrones volvieran las dos noches siguientes. La tercera, amenazaron con navajas al hermano de Chariklia, que dormía dentro. La policía tardó veinte minutos en llegar. “No entiendo por qué no pueden poner un coche a patrullar esta carretera de noche. No es mucho pedir”, dice ella.

Chariklia está indignada, pero se niega a perder la capacidad de empatía. Culpa al abandono que sufren los habitantes de Moria. “Creo que, como nosotros, hay gente buena y gente mala entre ellos. Y están desesperados. Si yo estuviese en su situación, no sé cómo reaccionaría”, reflexiona.

Lesbos es una isla de abandonados. Lo están los migrantes y lo está la población local. Bajo la política migratoria de la UE, que confina a los solicitantes de asilo en las islas griegas, Lesbos acoge a 27.000 migrantes, con 80.000 habitantes. El campo de Moria es ya la segunda ciudad. En proporción, serían 540.000 personas en Barcelona. Viviendo en el monte, entre el barro y la basura.

Muchos vecinos de Lesbos denuncian un ambiente opresivo

Es un cóctel explosivo que está dando réditos a la ultraderecha. La voz de Chariklia es hoy una excepción en Lesbos, donde la opinión pública ha dado un vuelco hacia la abierta hostilidad. En los últimos días se han multiplicado los ataques xenófobos, con patrullas apostadas en carreteras y playas, o recorriendo calles y muelles de Mitilene a la caza de migrantes y cooperantes. La noche del sábado fue incendiado un centro de día para refugiados.

“Algunas oenegés, como Médicos sin Fronteras, hacen un trabajo muy importante”, dice el alcalde de Moria, el pueblo junto al campo, a cuyas puertas se han colocado vecinos para controlar el acceso. Según el alcalde, no todos son vecinos y asegura que a veces se han sumado “radicales” de fuera. Pero también él alimenta la sospecha sobre las oenegés. “Cuando llegan los inmigrantes ya les están esperando en la playa. Saben exactamente dónde y cuándo llegarán. ¿Cómo es posible? ¿Quién les informa?”, dice.

Muchos vecinos de Lesbos denuncian un ambiente opresivo, en el que es difícil manifestar en público opiniones favorables a los inmigrantes. Una pareja de artesanos que tiene un taller en Mitilene cuenta que hace unos meses quisieron dar trabajo a un refugiado para ayudarle, pero no pudieron por la presión de sus vecinos comerciantes. También tuvieron que esconderse para trabajar en los días de huelga convocada para pedir la expulsión de los migrantes hacia el continente.

Son momentos de nacionalismo exacerbado en unas islas que fueron otomanas hasta 1912 y siempre han vivido bajo la sombra del enemigo turco. Un profesor explica preocupado que esta semana en su escuela primaria un colega obligó a los alumnos a arrodillarse y rezar una oración por la patria griega ante la “inminente” guerra con Turquía.

“Debemos levantar la voz contra la violencia que está habiendo en esta isla. Hay amenazas, no tenemos libertad de movimiento. Atacan no sólo a refugiados sino a cualquiera que esté en su lado. Entiendo que la gente sufre, que tiene miedo, pero no podemos permitir que se vayan a los extremos y se tomen la justicia por su mano”, dice Efi Latsudi, una activista que la semana pasada llevó ante los tribunales a dos vecinos que la amenazaron por Facebook. Los condenaron a tres meses de prisión.¿La UE y Turquía utilizan el drama de los refugiados como arma política?

HISTÓRICO

Enlaces internacionales