El colectivo LGTBI, en el punto de mira del Gobierno polaco

, | 25 mayo, 2019

El Ayuntamiento de Varsovia firma una declaración a favor de los derechos del colectivo que el Ejecutivo nacional considera un ataque a los valores tradicionales

PAULA CHOUZA. EL PAÍS.– La salida de la estación del metro Centrum de Varsovia, muy cerca del Palacio de la Cultura y la Ciencia, en el corazón de la capital, es la imagen de las dos Polonias que traza el Gobierno de Ley y Justicia en sus discursos de campaña. A menos de cinco metros de distancia, los altavoces instalados en dos pequeñas carpas lanzan proclamas encontradas: una reúne firmas contra la supuesta sexualización temprana de los más pequeños (“el lobby LGTBI quiere enseñar a los niños de cuatro años a masturbarse”, reza un cartel, “en virtud de los estándares de educación sexual en Europa”) mientras la otra, adornada con paraguas de los colores del arcoíris, aboga por la separación Iglesia-Estado.

“Algunos compañeros minimizan los insultos. Dicen ‘solo me escupieron’; ‘me lo estaba buscando porque llevaba un pin a favor del movimiento LGTBI”, afirma Ola Kaczorek, copresidenta de la organización Miłość Nie Wyklucza (el amor no excluye), en las oficinas de esta pequeña asociación en Varsovia a favor del matrimonio igualitario (que no está reconocido en Polonia). En febrero pasado, tras meses de negociaciones, el nuevo alcalde de la capital, Rafał Trzaskowski, del liberal Plataforma Cívica, firmó una declaración a favor de los derechos del colectivo que incluía la creación de un albergue para aquellos adolescentes que son expulsados de su casa cuando sus padres descubren que son homosexuales y la introducción en las escuelas de la capital de programas sobre educación sexual y tolerancia. «Queremos hacer de Varsovia una ciudad abierta y para todos, tenemos que ser consecuentes con nuestros valores», señala el viernes por la tarde Paweł Rabiej, vicealcalde de la urbe, un político que se ha declarado públicamente gay, algo poco frecuente en el país.

La iniciativa fue vista por el partido en el Gobierno como un ataque a los valores tradicionales de Polonia -cerca de un 90% de la población se declara católica- y el líder del PiS, Jaroslaw Kaczyński, no tardó en atacarla: “Todo se reduce a la sexualización de los niños desde la infancia más temprana”, afirmó. “Debemos combatir esta situación. Debemos defender a la familia polaca con furia porque nos enfrentamos a una amenaza a la civilización, no solo para Polonia, sino para toda Europa, para toda la civilización basada en el cristianismo”.

“Somos el nuevo chivo expiatorio del Gobierno, igual que antes lo fueron los migrantes”, afirma Kaczorek. A comienzos de mayo, la activista Elżbieta Podleśna, de la ciudad de Płock, a algo más de 100 kilómetros de Varsovia, fue arrestada durante varias horas acusada de ofender las creencias religiosas después de que la policía registrara su casa y encontrara carteles que mostraban a la Virgen Negra de Częstochowa, una de las más veneradas en Polonia, con un halo de los colores del arcoíris. Los carteles habían sido colocados en distintos puntos de la ciudad en abril. Asociaciones de derechos humanos denunciaron la detención y se organizaron manifestaciones en su apoyo.

“Lo que ha cambiado con la llegada del PiS al poder es este discurso vejatorio, que antes no existía o era muy marginal. A diario hay cada vez más insultos hacia nosotros porque el ciudadano oye al político y se siente legitimado”, explica Kaczorek. “En Polonia no existe una ley relativa a los delitos de odio por la identidad sexual, lo que nos impide denunciarlo”. Esa es una de las reivindicaciones firmada por 27 asociaciones de apoyo al colectivo LBTBI tras un congreso celebrado en abril.

“Jaroslaw Kaczyński lanzó recientemente una campaña homofóbica, pero Polonia no es la Rusia de Putin. La sociedad polaca es mucho más liberal que la antigua élite política”, afirma en declaraciones a a EL PAÍS Robert Biedroń, líder de Wiosna (primavera), un partido creado a comienzos de año y que aspira a convertirse en la tercera fuerza políticadel país (las encuestas le dan en torno a seis eurodiputados). “Soy gay y salí del armario hace mucho tiempo. Ya no puedes asustar a los polacos con la homosexualidad, porque saben cómo viven los homosexuales, tienen amigos que lo son y los ven como a cualquier otro”, afirma en correo electrónico.

A pocos kilómetros de las carpas, Ewa Moisan, la dueña del café gay friendlymiędzy nami (entre nosotros), que lleva abierto 25 años, apoya esta tesis al concluir que nunca ha sufrido ningún tipo de altercado.

“El apoyo al matrimonio igualitario está creciendo y ahora se encuentra en torno al 46%”, asegura Ola Kaczorek, aunque todavía una gran parte de la población se opone. Entre las estadísticas más dramáticas, señala que hay “un 75% de los adolescentes LGTBI a los que se le ha pasado por la cabeza la idea del suicidio”. Hasta el momento, el alcalde Trzaskowski no ha materializado ninguno de los compromisos de la declaración de tolerancia. “Hemos querido darle un margen de tiempo, pero volveremos a llamar pronto a su puerta”, afirma consciente de que los comicios europeos y las legislativas de otoño hacen que los políticos midan al milímetro cualquier movimiento que les pueda restar votos.

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