Donde hay más islamofobia, también hay más apoyo a ISIS

| 7 junio, 2018

Los musulmanes que viven en barrios hostiles a su presencia son más vulnerables al extremismo

07/06/2018 La Vanguardia.– Las políticas antiterroristas que se centran en las comunidades musulmanas pueden estar contribuyendo a que esas comunidades sean más vulnerables a la radicalización. Esta es la principal conclusión de un estudio de la Universidad de Duke, en Estados Unidos, que ha analizado las búsquedas anti musulmanas y pro ISIS realizadas en Internet entre 2014 y 2016 en más de 3000 municipios de Estados Unidos.

Los investigadores han visto que en aquellas comunidades más pobres y homogéneas étnicamente, con una densidad demográfica elevada, donde se registra un nivel más elevado de islamofobia y se producen más búsquedas en internet del estilo “los musulmanes son terroristas”, es también donde se registran más búsquedas pro Estado Islámico, del tipo “Cómo unirme a ISIS”.

Según los autores de esta investigación, que publica la revista Science Advances, la hostilidad hacia musulmanes en una comunidad es el principal factor que predice un interés elevado hacia Estado Islámico. También han comprobado que la diversidad étnica en una comunidad parece proteger en cierta medida contra una posible radicalización, puesto que la gente no suele pensar en términos de “ellos” y “nosotros”.

Para llegar a estas conclusiones, los investigadores, liderados por el sociólogo Christopher Bail, utilizaron una aproximación poco habitual como es centrarse en las búsquedas de internet para inferir qué piensa la gente. Utilizaron, además, modelos estadísticos para controlar factores como el tamaño de la población, índice de pobreza, composición étnica y proporción de residentes nacidos fuera de los Estados Unidos.

Las conclusiones a que llegan refuerzan lo que muchos expertos en seguridad internacional ya reclaman: no criminalizar con las políticas antiterroristas al colectivo musulmán.

“Cuando las políticas antiterroristas de las ciudades se centran en las barriadas musulmanas están estigmatizando para prevenir. Están considerando que tienen más probabilidad de que sus residentes se radicalicen, cuando sabemos que las propias comunidades ya tienen mecanismos de control para evitar precisamente eso”, resalta a Big Vang Sonia Andolz, profesora de seguridad y defensa internacional de la Universitat de Barcelona (UB).

Las conclusiones del estudio no solo son aplicables a terrorismoyihadista. Según los autores del trabajo, su descubrimiento sugiere que los grupos minoritarios pueden ser más susceptibles a la radicalización si experimentan discriminación en escenarios en que se sientan aislados, porque vivan en una comunidad mayoritariamente de otra etnia. O también en comunidades en que compiten con grupos que son mayoría por recursos limitados. En este sentido, destacan el caso del chaval de 21 años Dylann Roof, que asesinó a nueve afroamericanos en una iglesia en Charleston, en Carolina del Sur, en junio de 2015, motivado según él mismo confesó por su creencia de que los blancos se estaban convirtiendo en una minoría en una comunidad con una mayoría de personas negras.

“No es solo que los musulmanes se vuelven yihadistas, que esto es un tipo de radicalización, sino que otros perfiles por razones diversas como la pobreza, la marginalidad, los abusos físicos, entre otros, también pueden sufrir un proceso de radicalización en el que la narrativa sea islámica. Si estas personas estuvieran en otros contextos, como en América Latina, tal vez hubieran caído en bandas de latin kings o en maras, o de estar en Asia, en yakuzas”, apunta Andolz.

Los autores del estudio piden cautela a la hora de interpretar los resultados. Que una persona haya buscado contenido pro ISIS no implica que más adelante haya pasado a la acción.

“Seguramente de cada 1000 chavales que busquen cómo unirse a ISIS, solo dos de verdad se radicalizarán”, destaca Andolz, que explica que, además, “buena parte del reclutamiento de ISIS se produce a través de redes sociales, de aplicaciones de mensajería y sobre todo de contactos cara a cara”. En el caso de los atentados de agosto de 2017 en la Rambla de Barcelona, los terroristas, explica esta investigadora, se ha comprobado que ni tan siquiera habían entrado en internet, que todo se había organizado en encuentros cara a cara que no dejan rastro.

“Los suele captar una persona de su comunidad, que no suele ser el Imán, que se relaciona con los jóvenes, se gana su confianza y los capta. Por eso cada vez más se está implementando la figura de los educadores de calle, que van por las plazas, las calles, hablan con la gente. Es lo que llamamos HUMINT, inteligencia humana, más eficaz que rastrear miles de búsquedas, redes sociales, correos y teléfonos de ciudadanos”, concluye Andolz.

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