Charleston revive al Ku Klux Klan

, , | 6 julio, 2015

El temor a los ataques racistas se extiende por el sur de Estados Unidos

charlestoniglesiasVICTORIA DEL TORO. LA VOZ DE GALICIA.- Durante los últimos días los informativos de Estados Unidos viven un auténtico regreso al pasado: asesinatos de negros, imágenes de banderas confederadas, iglesias de congregaciones afroamericanas ardiendo y, por si lo anterior fuera poco, ha vuelto a hacer aparición una de las organizaciones más siniestras de la historia de Norteamérica, el Ku Klux Klan.

El Klan ha pedido, y obtenido, permiso para hacer una manifestación el próximo 18 de julio ante el Congreso de Carolina del Sur, en la ciudad de Columbia, para reivindicar, precisamente, el uso de la bandera confederada, uno de sus símbolos más reconocibles.

El KKK, que en su época de esplendor en los años veinte del siglo pasado llegó a tener entre cuatro y cinco millones de simpatizantes, no cuenta ahora con más allá de 5.000 a 8.000, pero sus miembros aprovechan cualquier situación favorable para medrar. Y eso es lo que han hecho ahora. Cuando el 17 de junio Dylann Roof mató a nueve personas en una iglesia de Charleston, provocó que un país entero se enfrentara a sus demonios. Y el principal de ellos es el racismo que continúa existiendo, con un auténtico avispero de grupos racistas y supremacistas.

En los días posteriores al asesinato de los nueve miembros de la congregación afroamericana de Charleston, en varios barrios de Los Ángeles, Nueva York y algunas ciudades de Alabama y Georgia, los vecinos se encontraron con propaganda del KKK. Son panfletos con un dibujo de la imagen clásica de un miembro del Klan cubierto por una túnica y un capirote blancos y contienen proclamas racistas contra los afroamericanos, los latinos, los judíos y también contra los homosexuales. Esos panfletos han aparecido en bolsas de plástico y en su interior, además de la propaganda, había caramelos, lo que desató aún más la indignación de los vecinos, al entender que la publicidad parece destinada a los niños. «Ahora más que nunca debemos recordar a nuestros hijos que no deben aceptar caramelos de desconocidos», ironizaba uno de esos vecinos.

Tras la matanza de Charleston, en quince días se registraron siete fuegos en otras tantas iglesias frecuentadas por feligreses afroamericanos. Rápidamente todas las alarmas se dispararon. Pero tras una investigación preliminar, las autoridades informaron de que nada hacía pensar que el desencadenante hubiera sido el odio racial, sino que más bien parecía que se trataba de accidentes o intentos de robo en los templos.

El miedo al Klan y a los ataques saca de nuevo a la luz un problema, el de la discriminación racial, que aún no ha sido completamente resuelto en Estados Unidos.

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